Supongamos que vas a bailar a un boliche con tu novia. La están pasando bien. Se divierten. Mucha joda, mucha risa. De repente, en pleno baile, viene uno medio en pedo y le toca el traste a tu chica ¿Te vas a enojar? No, no podes. Si vas a un boliche sabes que el riesgo de que le toquen el culo a tu novia existe. Es como si te comieras dos kilos de ciruelas. Lo más probable es que te cagues encima. Una relación causa-efecto.
Ojo. No estoy justificando la tocada de orto. Pero sabés que en ese ámbito es probable que suceda. Entonces te la tenes que comer; doblada como simple de miga. Como mucho te cagas a trompadas y a otra cosa mariposa.
Pero hay cuestiones mucho más serias que una tocada de culo. Cuestiones que no se solucionan con un cazote bien puesto, que por más que le llenes la cara de dedos a alguien no te vas a quedar satisfecho. Hay actos que ameritan venganza. Es así. Al menos para mi siempre fue así. Reconozco que soy algo calentón. Se que tengo la mecha corta. De toda la vida.
Hace unos años tenia un Torino. Una cupé ZX celeste metalizado. Se lo había comprado a un viejito que lo usaba nada más que para ir los domingos a comprar el pan a la vuelta de la casa. ¡No te das una idea de lo que era ese auto! Decir que era una hermosura es poco. El viejo lo tenia impecable y yo lo mantuve igual. Era una joya ese Torino…una joya. Yo lo cuidaba tanto…faltaba que lo acostara en la cama conmigo. No se si alguna vez cuidé a una mina de la misma manera que cuidé a esa cupé. Mirá lo que te digo.
Un dia iba para el centro en el Torino y como tenía tiempo pasé por el café a saludar a los muchachos. No encontré lugar para estacionar frente al boliche así que dejé el auto a la vuelta y me fui a tomar un vermouth con la barra.
Después de copetear vuelvo a buscar el auto y casi me da un ataque. El pelotudo del diariero había escrito LAVAME SUCIO en el capot del Torino. El Toro tenía algo de tierra encima, el polvillo que le caía cada noche del cielo raso del garage. Por eso lo lavaba todas las mañanas. Pero como ese dia pintaba para llover lo dejé como estaba. Y el infeliz del diariero usando el dedo como si fuera un lápiz escribió esa boludez sobre la tierrita. Me entere que fue él porque al día siguiente, cuando fui a comprar el diario, ¡no va que me gasta el muy pelotudo! Vos no te das una idea de como me puse. Si le pasas el dedito a la tierra, la pintura se raya. Cualquier perejil lo sabe. Y con el Torino no se jodía. Lo quería como a mi vieja. Si cuando lo tuve que vender lloré como una quinceañera.
Imaginate que al diariero se la juré. Cagarlo a trompadas era poco porque lo que me había hecho era muy jodido. Así que al día siguiente fui hasta la parada de diarios. Llegué como a las cuatro de la mañana. El boludo apareció a eso de las cinco. No sabia que recién abría a esa hora, así que lo esperé parado en la vereda de enfrente. ¡El frío que hacia! Los pajaritos se congelaban y caían muertos de las ramas. Parecía que llovían cubitos. Insoportable el fresquete.
Cuando llegó el diariero crucé la calle sin que me viera y lo dormí de un fierrazo en la cabeza. Yo había llevado la llave cruz. Como un simbolismo ¿Entendés? Para sentir que el Torino estaba conmigo mientras yo vengaba ese abuso que habían cometido contra él. También la llevé para romperle el marote al muy pelotudo del diariero. Te decía, después de partirle el balero abrí los dos candados con los que cerraba la puerta del puesto de diarios y lo metí adentro al boludo. Busqué el paquete de diarios del día; era un bulto bastante grande, tendría doscientos diarios por lo menos. Así ataditos como estaban los prendí fuego. Antes que se encendiera del todo agarré el paquete por los piolines y lo tire dentro del kiosko. En menos de un minuto puesto y diariero estaban en llamas. No te das una idea de lo rápido que prenden los diarios. Crucé a la vereda de enfrente y me quedé mirando como se quemaba todo.
Me había vengado, pero te digo la verdad, no me causo ninguna satisfacción. No sentí absolutamente nada. Salvo el olor a quemado.
En ese momento me di cuenta que la venganza es algo que no se lleva adelante así nomas. No es cuestión de matar a alguien y listo. A la venganza hay que vivirla, sentirla en el cuerpo. Si no la disfrutas no tiene sentido. Te digo más, no solo hay que gozar el hecho en sí de la vendetta. Hay que saborearla desde la previa, como cuando te preparas para salir con una mina y vas disfrutando cada momento: afeitarse, bañarse, cortarse las uñas de los pies.
Para mi la venganza es un arte.
Hay que planificarla en todos sus detalles. Por empezar está el tema de la vestimenta. Es muy importante. No te vas a ir vestido de pantalón de gimnasia y mocasines ¡Por favor! Menos que menos de jogging ¡Dejame de joder! El pantalón de jogging es para ese momento de la vida en que te rendís. Cuando te miras la panza y le decís “Busarda, me ganaste. Crecé todo lo que quieras”. A la hora de la venganza hay que empilcharse bien. Traje, camisa y corbata. Mirá este traje ¿Qué te parece? Es mi favorito. En realidad es el único que tengo. Me lo compré para el casamiento de mi primo. Fijate como me queda ¿Ves que da otra presencia? Ojo, no te voy a negar que con esta pilcha en verano se complica un poco. Por el calor, claro. Es jodido. Con el saco transpiro mucho. Para colmo en verano me enojo más. El calor me pone muy fastidioso.
Me acuerdo un verano que fui a Los Dos Polos, la heladería que esta acá a tres cuadras, a tomar un cucurucho de dulce de leche. Siempre lo pido de dulce de leche. Nada de estar eligiendo varios gustos. Me ponen loco esos que se frente al cartel de los sabores y están ahí dudando “Ay..¿que tomo?..¿cerezas al rhum..frutos del bosque?..ay..no se” ¡Pero pedí uno de laxantes al maraschino y andate a cagar! Hay que ser expeditivo. Vas, pedís y sanseacabo. Pim, Pam, Pum y listo. Yo soy así. La cuestión es que salgo de la heladería con mi cucurucho de dulce de leche y pasa el Mencho Villagra ¿Lo ubicás? Un salame que conozco de la época del Normal 4. El Mencho era el típico boludo que piensa que le cae bien a todo el mundo y en verdad no lo traga nadie. Al menos yo no lo tragaba.
El tema es que justo pasa este boludo a cuerda y se para delante mio. Me agarra la mano en la que tengo el cucurucho y le pasa la lengua al helado ¡Tremendo lenguetazo le metió! Rico, me dice, lástima que está un poquito frío. Y se va cagándose de risa ¡No sabes como me puse! Tuve que tirar el helado a la basura. No solo por el asco que me dio la chupada que le metió. De lo caliente que yo estaba en ese momento el helado se me derretía en la mano. Te juro, me agarre una bronca. Tenia ganas de ir a la farmacia a comprar una sonda y mandarle el helado por vía urinaria. Pero me la aguante. Yo soy de aguantar, siempre fui así. Caminé hasta casa masticando bronca. Cuando llegue me puse a preparar helado. Tengo la heladora de mi vieja. Esas máquinas que tenían un motorcito y dos paletitas que giraban para que no se cristalizara el helado mientras se hacia ¿Te acordás? Una antigüedad. Preparé un montón de helado con esa máquina de mierda. No se exactamente cuanto pero era mucho, eso seguro. Llené un balde casi hasta el borde. El balde rojo que usaba mi vieja para tirarle agua a los gatos que a la noche venían a garchar a nuestra vereda ¡Como gritan cuando le dan a la matraca! Es imposible dormir así. Te decía, preparé el helado, lo metí en el balde rojo y me fui hasta la casa del Mencho. Eran como las tres de la mañana, un poco más. Cuando llegue me mandé por el fondo. Era una noche calurosa así que la ventana de su habitación estaba abierta. Como no tenia mosquitero pude entrar sin problemas.
El Mencho estaba acostado boca abajo en su cama. Dormía en cueros, tapado hasta la cintura. Sacaba un pie por abajo de la sábana, seguro para bajar la temperatura corporal. Roncaba…es raro que alguien ronque cuando duerme boca abajo, pero el Mencho lo hacia.¡Y como roncaba el hijo de puta! Por algo no tenia mosquitero. Con esa manera de roncar debía provocar tal turbulencia que los mosquitos no le podían pasar cerca. El pobre insecto que sobrevolara al Mencho seguro que terminaba estrolado contra el suelo como los aviones japoneses en las películas de guerra.
Me acerqué lentamente para no hacer ruido. No lo quería despertar al Mencho. Me paré al lado de la cama. Con una mano lo agarre de los pelos de la nuca y levante su cabeza. Con la otra puse el balde de helado sobre la almohada. Lo hice rápido, no le di tiempo a reaccionar. Justo cuando abrió los ojos le metí la cabeza dentro del balde. Lo sumergí en el helado hasta las orejas. Lo tuve un ratito así, no mucho tiempo. Hasta que dejó de patalear y tirar manotazos.
¡Mirá si me va a venir a chupar el helado a mi el hinchapelotas ese!
Te decía. No podes llevar adelante una venganza vestido como un croto. El traje es fundamental. Hay que ser elegante, tener estilo. Por una cuestión de autoestima más que nada, no por cancherear. Porque seguro creés que uso el traje de puro canchero que soy, pero no es así. Para nada ¿Y quién tiene la culpa de que pienses eso? Tarantino. Si señor ¡Y no me mires con esa cara! Tarantino y sus película de mierda. Ese pelotudo le puso traje oscuro y corbatita a sus personajes cancheritos y la cagó bien cagada. Porque yo ahora ando por la calle vestido así como me ves y la gente se piensa que soy un engreído. Porque yo se que lo piensan y me da ganas de cagarlos a trompadas a todos. Principalmente al Tarantino ese.
¿Sabés con qué otra cosa la cagó ese boludo? Con los diálogos arrogantes que escribe. Esas frases que les hace decir a los personajes ¡Por favor! Todos piensan que antes de boletear a alguien tenes que decir una genialidad…aunque voy a se justo, en verdad no es solo culpa de Tarantino sino del cine en general. Siempre que en una película van a matar a un tipo el asesino se despacha con una frase y después ¡pum! lo revienta. En la vida real no es así, no se puede andar pensando en esas boludeces ¿Vos crees que con la calentura que tengo en el momento de la venganza puedo andar preparando un guión? Dejame de joder. Suponete que antes de reventar a alguno le decís la frase de tu vida, una genialidad ¿Quién te escucha? ¡El futuro finado nomás! Y se la lleva con él a la tumba ¿De qué te sirve hacerte el creativo en ese momento? De nada. Y no vas a andar contando después “hoy cuando lo reventé a Fulano le dije tal cosa”. No se puede ser tan pelotudo.
Pero lo más importante a la hora de la venganza es elegir correctamente la manera de llevarla adelante. Te diría que ahí esta la clave. En el modus operandi. Tiene que combinar dos cosas: ser efectivo y placentero a la vez.
Por ejemplo, el estrangulamiento. Lo podes hacer con una soga o un cable, pero lo mejor es con las manos ¿Porqué? Por que hay contacto. Piel con piel. Te sentís un artesano modelando la arcilla. Pero es muy riesgoso. Se necesita mucha fuerza, sobre todo si el otro tipo es grandote. No es la idea ir a reventar a alguien y terminar cagado a sopapos. Por eso el estrangulamiento no me convence.
Después tenes las armas blancas. Pero tampoco van conmigo. No son para mi. Me dan impresión. De solo pensar en clavarle un cuchillo a alguien y sentir como la hoja se va hundiendo en su cuerpo me da un asco terrible. Y no es cuestión de estar apuñalando a un tipo y desmayarse de la impresión. Es como para que los diarios editen el suplemento Caras de Boludo solo para poner tu foto en la tapa.
También esta el veneno. Pero para mi no sirve. No hay contacto de ningún tipo con la victima. Envenenas a alguien y recién te enteras que se murió dos días después cuando vas a comprar y te lo cuenta el verdulero: “¿Vio quién espichó? Sultano. Tan bien que se lo veía.” La venganza así no se disfruta. Y si no la disfrutas ¿Qué sentido tiene?
Para mi lo mejor, sin duda, es el arma de fuego. Por eso me compre este S&W60 ¡Mirá lo que es esto! Calibre .38 especial, de acero inoxidable. Fijate este detalle. En el cañón tiene tallada la marca: SMITH & WESSON. Es hermosa..hermosa. ¿Qué te parece? ¡Exacto! Da miedo. Por eso me encanta el revolver. Cuando se lo pones en la cabeza a alguien podes ver en sus ojos el cagazo. Eso te hace sentir poderoso. Y cuando apretás el gatillo el retroceso del arma en tu mano es…es…no hay palabras…la verdad, no hay palabras. Así la venganza si que se disfruta. Es un deleite.
Ojo. No voy a decir que es un orgasmo de placer. Esas son boludeces que dicen en la televisión los que se la dan de transgresores y creen que por comparar algo placentero con un orgasmo son unos piolas bárbaros. La venganza en realidad es tan placentera como tirarse un buen pedo. Esos silenciosos, largos y espesos. Pedos que son placenteros porque te causan alivio. El problema esta en que contaminan el ambiente en el que te lo tiraste. Ni bien lo largas tenes que ir corriendo a abrir la ventana. O prender algunos fósforos, que son el desodorizante más efectivo.
La venganza es así. Es como tirarse un buen pedo que te quita algo que te está oprimiendo por dentro pero que deja en su lugar algo desagradable…Hablando de cosas desagradables, no te das una idea del enchastre que hizo la cabeza del Rulo cuando se la reventé de un tiro hace un rato. Si hasta me manché los zapatos recién lustrados, la puta madre. Siempre habló de más. Era muy bocón el pelotudo ese, un boca floja. Justamente por eso te vine a ver. ¿Qué carajo andaban diciendo el Rulo y vos de mi hermana?

La Venganza es un arte. Escrito por Adrian Di Manzo ® 2010. Ilustrado por Roberto Cruz.