—¡Son unos hijos de remil puta!

El Tano, enojado y avergonzado por la pobre actuación del equipo de sus amores, se cubría el rostro con las manos, por lo que la puteada, asordinada, apenas se escuchó
—¡Es imposible jugar tan mal al fútbol!¡Son horribles!¡HO-RRI-BLES! Más que un técnico estos tipos necesitan un pintor. No hay que entrenarlos, hay que barnizarlos…¡Son de madera! No es un equipo, es un bosque ¡Deportivo Los Troncos!
—¿Sabés lo que pasa Tano? No tienen ganas de jugar —Beto negaba con la cabeza. No estaba enojado como su amigo. Más bien se lo veía resignado—. Fijate —señaló la pantalla del televisor con la cucharita de café— No corren, no trotan, ni siquiera caminan. Se arrastran por la cancha. Parecen zombies.
—Es como estar viendo una película de terror. El regreso de los once muertos vivientes —se lamentó Marce.
—Lo que en verdad no entiendo… —el Tano se quitó las manos de la cara— lo que no me entra en la cabeza es nuestra actitud. Sabemos que estos tipos son espantosos, que juegan tan mal que los putean hasta sus madres, que nos hacen sufrir fecha tras fecha; sin embargo, a pesar de todo, seguimos insistiendo en ver cada partido.
—Lo nuestro Tano es amor incondicional por la camiseta. Es pura pasión.
—¿De que pasión me estás hablando Marce? Lo nuestro es masoquismo.

Ya fuera por pasión, masoquismo o costumbre, el Tano y sus amigos se juntaban en Visage a ver fútbol, un ritual que se remontaba a la época en que Visage era el bar Histórico. El cambio de firma que transformó al bar en confitería le quitó el clima futbolero de antaño debido al aumento de concurrencia femenina de edad avanzada. A pesar de las viejitas que se juntaban a tomar el te con masas, los muchachos continuaron con su costumbre de ver los partidos en Visage embelesados por la pantalla gigante que instalaron los nuevos dueños cuando remodelaron el bar. No había ambiente futbolero, debían reprimir los gritos y putear por lo bajo, pero se veía bárbaro.
—¡Que partido de mierda! Es un embole, la puta madre
El Tano se acodó en la mesa y apoyó el mentón sobre las palmas de las manos, en evidente gesto de aburrimiento. Beto, sentado a su lado, alineaba con el canto del sobre de azúcar los granitos que, en lugar de caer dentro del pocillo de café, lo habían hecho sobre la mesa.
—El otro día leía la Critica de la Razón Instrumental de Max Horkheimer y les puedo asegurar que era más entretenido que este bodrio —el Polaco rompió su silencio. Después bostezó.
—Qué te haces el intelectual, Polaco —le espetó Marce sin sacar la vista de la pantalla—. Si lo único que lees es la etiqueta del desodorante cuando vas al baño a cagar.
El Polaco miró a Marce y justamente cuando lo iba a mandar a cagar vio, por encima del hombro de su amigo, que Dani entraba a Visage. Arrastrando los pies, con cara de llevar días sin dormir y la mirada pegada al piso como si las baldosas tironearan de sus pupilas, Dani se abrió paso entre las señoras que, presurosas, iban y venían en busca de masas, facturas y tortas. Llegó hasta la mesa del fondo, lugar habitual de reunión; sin decir palabra arrimó una silla y se dejó caer en ella.
—Un velo de tristeza cubre tu semblante —le dijo el Polaco a Dani.
—Si, tenes cara de ojete —el Tano era siempre más directo, menos metafórico.
Dani no respondió. Levantó la vista y buscó al mozo. Cuando lo ubico le hizo señas para que se acercara.
—Totono ¿Qué tenes fuerte? —preguntó Dani al mozo
—El aliento a la mañana

Dani no estaba de humor como para que le tomaran el pelo pero se tragó la puteada. Respetaba a Totono porque era un hombre mayor, una institución dentro de la confitería, único sobreviviente de las épocas del Histórico. También lo respetaba porque el mozo medía algo más de metro noventa y tenía en su pasado algunas peleas en categoría crucero.
—Traéme algo fuerte para tomar
Marce y Beto se miraron extrañados
—¿Qué pasa Dani? —El Polaco también estaba sorprendido— Vos tomás alcohol solo para las fiestas.
—Me dejó Marita —Dani soltó la frase y apretó los labios reprimiendo el sollozo.
Los cuatro amigos se acomodaron en sus sillas y se olvidaron del partido. Sabían que para Dani la cuestión mujeres era un tema serio.
—Tal vez sea una bronca pasajera, Dani —dijo Marce.
—¿Pasajera? Tiró a la basura todos los regalos que le hice.
—Eso no significa nada —terció el Tano— Todos tenemos un arranque de locura, nene.
—Se hizo borrar con láser el tatuaje que tenia en la espalda.
—¿El que decía DANI en letra gótica?
Daniel asintió en silencio
—A lo mejor le traía algún problema epidérmico —reflexionó el Polaco—. A veces las tintas provocan reacciones cutáneas.
—Me dijo que se cansó de vivir con un fracasado como yo. Juntó sus cosas y se fue a vivir con el Tarta.

José Luis, el Tarta, viejo conocido del barrio, no se había ganado el apodo por tener un trastorno del habla. Entusiasmado a temprana edad por la gastronomía, le pidió a su madre que le enseñara a cocinar. Así fue como el adolescente José Luis aprendió en sus primeras lecciones a preparar una gran variedad de tartas. Tartas que insistentemente ofrecía a los muchachos: ¿Quieren tarta? ¿Quieren tarta? ¿Quieren tarta? Machacaba en cada ocasión que los veía.
Tanto entusiasmo juvenil por la cocina lo llevó a hacer carrera en la culinaria. Aquel cocinero adolescente era ahora dueño de la pequeña cadena de restaurantes “El Bocado Desproporcionado”.
—Dos años de novio. Dos años y de un día para el otro me dice “no va más, me las tomo” —Dani tenía en sus manos el pinche donde se clavan los tickets de la adición. Tomándolo por la punta lo hacia girar sobre su base circular.
—Vos sabes como es esto —el Polaco quería mirarlo a los ojos, pero Dani no levantaba la vista de la mesa— Las mujeres van y vienen.
—El tiempo cura las heridas, nene —acotó el Tano—. El asunto te va a joder unos días, tal vez unos meses, pero después se te pasa.
Totono volvió a la mesa. Traía sobre su bandeja un pequeño vaso lleno de un liquido transparente.
—Tomate esto, pibe —el mozo dejó el vaso frente a Dani. Sin pedir permiso le quitó el pinche de las manos y clavó el ticket—. Es fuerte como cachetazo de gorila.
—No te vas a hacer mala sangre por una mina —trató de animarlo Beto— Aprovechá que estas libre y viví un poco la vida. Salí a conocer mujeres. Las pendejas están muy ligeritas ahora. Andá a bailar, tomá clases de yoga. O anotate en alguna facultad. Filosofía y Letras, Comunicaciones. Algo así. Hay buenas minas ahí.
—Afiliate a algún partido político. Lee Marx y metete en uno de izquierda —Marce apoyaba la idea de Beto— Siempre alguna zurdita que este buena y sea medio atorranta vas a encontrar.
—Un clavo saca a otro clavo —reflexionó el Polaco.
—No tengo ganas de andar estudiando
—No estamos hablando ni de estudiar ni de militar, Dani. Estamos hablando de ponerla. Como dice el Polaco, es cuestión de clavarla —aclaró el Tano malinterpretando la expresión de su amigo.
—No quiero zurdas, ni de centro, ni de derecha. Tampoco estudiantes o profesoras. Con la única que quiero estar es con Marita, porque… —Dani respiró profundo y sin dejar de mirar la mesa completó la frase— …a Marita la amo.
Beto resopló. El Tano puteo entre dientes. El tema era más complicado de lo que parecía en un principio. Aprovechando el silencio que ganó a los cinco amigos, Totono se acercó y retiró los pocillos de café, las servilletas de papel convertidas en pelotitas y los sobrecitos de azúcar usados. Limpió con un trapo la superficie de linóleo y se marchó rumbo a la barra dejando sobre la mesa el servilletero, el pinche con los tickets y el Cachetazo de Gorila, que Dani no había tocado.
—Daniel, se que las emociones asociadas al amor pueden ser extremadamente poderosas. Con frecuencia llegan a ser irresistibles, pero mirá…
—Lo que tenes que mirar Dani es ese culo —el Tano interrumpió el arranque filosófico-explicativo del Polaco y señaló con el mentón a una chica que, unas mesas más allá, se había puesto de pie. Su trasero casi perfecto y su edad muy por debajo del promedio que tenia la concurrencia femenina de Visage la hacían destacarse en la confitería— Con un culo como ese te olvidas de Marita, de tu vieja, de como te llamás y hasta de la tabla del dos. Decime nene si un orto así no merece que le pongan su nombre a una calle…”Avenida Culo” —el Tano hizo un movimiento con su mano derecha como dibujando un cartel en el aire— …créeme que me mudaría a esa calle sin pensarlo dos veces…
Embelesado, el Tano acompañó con la mirada a la mujer y su trasero casi perfecto. Estaba a punto de ponerse de pie para aplaudir a la Naturaleza por ese prodigio anatómico cuando lo vio entrar.
—Cagamos —se lamentó— llegó el Rey de la 14.

A Hugo, o el Rey de la 14 como le decían, lo conocieron una vez que fueron a jugar al fútbol 5 y les fallo Memé, algo que era usual desde que se había puesto de novio. Hugo andaba dando vueltas por las canchas y con un “che Azul ¿Querés jugar?” lo invitaron a cubrir la vacante.
No contaban los muchachos con que Hugo era de esos típicos pesados que una vez que se adosan al grupo es difícil sacárselos de encima. Así fue que cada vez que los veía, ya fuera en la cancha o en la confitería Visage, Hugo se les arrimaba. No era esta capacidad de pegarse lo que les molestaba, sino el hecho de que fuera una máquina de decir boludeces.
El mote de El Rey de la 14 se lo puso Marce, una vez que Hugo con su moto resbaló en el verdín y se fue de cara contra el asfalto.
—Se cayó de la moto y patinó como cincuenta metros por la calle 14 —recordaba siempre Marce, testigo del accidente y contador oficial de la anécdota—. Se iba deslizando con el pecho contra el asfalto, parecía un pingüino jugando en el hielo. Cuando se levantó era un raspón humano. Sin exagerar, la marca empezaba en la frente y terminaba en los pies. Calculo que habrá perdido uno o dos centímetros de poronga por el desgaste producido por la fricción contra el suelo. Si hasta me pareció verlo más delgado cuando se puso de pie. Fue un golpe tan terrible el que se dio decir que se compró la calle es poco. Se la adjudicó de por vida. Más que en dueño, se convirtió en Rey de la 14.

Hugo entró a Visage y se detuvo ni bien cruzó la puerta. Recorrió el salón con la mirada como buscando a alguien. Cuando vio a los muchachos los saludó con la mano y se acercó a la mesa.
—¿Cómo anda la gente?¿Se puede? —sin esperar respuesta arrimó una silla y se sentó— Quedé con Ricardo en encontrarme acá, pero se ve que no llegó todavía —con un gesto le indicó a Totono, que lo miraba desde la barra, que no quería tomar nada— ¿Qué les pasa? Hay cara de velorio. Me hubieran avisado con tiempo y mandaba una corona.
—No pasa nada Hugo —mintió Beto.
—Solo que a Dani lo dejó la novia —Todos miraron a Marce, reprochándole en silencio su habitual incontinencia verbal.
—No tenés que hacerte drama Dani. El dolor producido por una mujer no es una cuestión que te aqueje solamente a vos. Ellas han sido para la Humanidad, desde siempre, un problema —comenzó el Rey de la 14. El Tano se refregaba la frente como si le doliera la cabeza. Presentía el comienzo de las clásicas peroratas de Hugo. Mientras tanto Beto le tiraba, por debajo de la mesa, una patada reprobatoria a Marce— Por empezar, el problema es semántico ¿cómo se las llama a las mujeres
—Perras, yeguas, bestias..depende —contestó el Tano con su acostumbrada delicadeza.
—Yo no las llamo. Ellas me llaman a mi —presumió Beto.
—A las mujeres se las llama “el sexo opuesto” —continuó el Rey de la 14 haciendo caso omiso a las acotaciones de los demás- Ya se marca diferencias desde su denominación ¿Porqué la oposición?¿Porqué no el sexo complementario?¿A qué se debe el antagonismo?¿Existe en ellas algo que las haga peligrosas?¿Dañinas tal vez? Fíjense, por ejemplo, que la religión católica pregona que lo único perfecto es Dios. Y Dios, desde su perfección le ordena a los sacerdotes, sus representantes en la Tierra, que no se casen ¿Qué saben de las féminas que nosotros, los simples mortales, no sabemos? ¿Por qué Aquel que creó a la mujer le ordena a sus empleados que se alejen de ellas?
El Polaco se acomodó en la silla y prestó algo más de atención, intrigado por saber hacia donde se dirigía la hipótesis de Hugo. Beto, el Tano y Marce miraban la pantalla gigante, ignorando como era su costumbre al Rey de la 14, con la esperanza de que se callara de una vez y se retirara pronto. Dani, ajeno a todo, seguía con la vista clavada en la mesa.
—La respuesta es que las mujeres traen dolor, desunión, traición, todo tipo de inconvenientes. Fíjense los problemas que ocasionan —continuó Hugo— Eva le dió la manzana a Adán. Dalila traicionó a Sansón. Yoko Ono separó a los Beatles. Así podríamos estar horas y horas encontrando ejemplos. Las mujeres son problemáticas, no hay dudas —Hugo hizo una pausa dramática, se aclaró la garganta y prosiguió— Son criaturas hermosas y adorables. Podemos atribuirles toda nuestra dicha, pero sin olvidar que causan toda nuestra desventura. Por eso enamorarse de ellas trae tantos problemas.
—Amar es morir —citó el Polaco a Lugones.
—Si, pero el amor es terrible solo cuando se presenta en la forma de la mujer, porque necesariamente encarna la desventura —Hugo mentó también a don Leopoldo— Por algo en la antigüedad ciertas civilizaciones sostenían que el amor perfecto se daba entre los hombres y prescindían de las mujeres, puertas seguras al Infierno.
—Civilizaciones que si prescindían de las mujeres como decís, se habrán extinguido.
—Es verdad Polaco, se extinguieron, pero felices —respondió Hugo— En definitiva eso es lo que todos buscamos en esta vida, la felicidad. Y les confieso que yo fallé una y otra vez en la búsqueda de esa dicha que es producto del querer. Hasta que, tras haber vivido muchas malas experiencias con mujeres, me rendí ante la evidencia y adherí a la idea de esas civilizaciones, entregándome a la felicidad del amor viril.
Beto y el Tano se miraron, olvidándose del partido. Lo mismo hizo Marce. Dani por primera vez levantó la vista.
—Ojo —continuó el Rey de la 14— Hay que fijarse bien, tener cuidado en la elección. Porque hay tipos a los que les gusta vestirse de mujer, pintarse y actuar de manera femenina. Yo a esos les escapo. No dejan de ser mujeres en cuerpos de hombres y a la larga te van a traer los mismos problemas que ellas. Yo prefiero a los hombres a los que les gustan los varones. Que a pesar de su preferencia sexual no pierden su masculinidad. Un tipo con el que mirás el fútbol, te comes un buen asado y después te vas a la catrera a amasijarte ¿Se entiende?
El Polaco escuchaba a Hugo, boquiabierto. La luz de la confitería Visage se reflejaba en las emplomaduras de sus muelas.
—Por eso desde que salgo con Ricardo…
—Pará…pará un poco —lo interrumpió el Tano— ¿Vos y Ricardo andan juntos?
—Si, somos pareja.
—¿No lo conociste cuando practicabas boxeo? —el Polaco no salia de su asombro.
Hugo asintió.
—Comenzamos a las trompadas en el ring y terminamos a los manotazos en la cama. Cosas de la vida.
El Tano estaba a punto de acotar algo acerca del juego de manos y sus consecuencias cuando Beto lo silenció con una mirada.
—Bueno gente, me retiro. Ahí llegó Riki —desde la vereda Ricardo saludaba con la mano al grupo, que respondió con sonrisas forzadas— Así que no te hagas más problemas por las mujeres, Dani. Pensá en lo que te dije. La felicidad esta cerca tuyo. Te rodea —Hugo abrió los brazos, señalando a sus amigos— Es solo cuestión de decidirse.

Mientras el Rey de la 14 se iba con Ricardo, en la mesa todo era silencio. Dani agarró el Cachetazo de Gorila y se lo tomó de un trago. Se quedaron así, callados, un rato. Después se fueron yendo de a uno.
Esa tarde nadie se despidió con un beso.

El Rey de la 14. Escrito por Adrian Di Manzo ® 2010. Ilustrado por Roberto Cruz